jueves, 26 de noviembre de 2009

Vacío

Cada vez que me enfrento a este vacío pretendo rellenarlo de historias varias, incisivas y de humor negro, sin embargo saltan las distintas personalidades y conceptualizaciones aprendidas, en una especie de sublevación interna de las neuronas de mi cerebro, un sólo chispazo; un sólo recuerdo y la reacción se provoca en la membrana exterior del cerebro en pequeñas convulsiones creando las más diversas excitaciones, pasando por las más sensuales masacres del sadismo, las brillantes situaciones del ingenio de Chesterton, la mejor de las locuras de Lem y algo del humor ácido de la crítica política de diversos locos contestatarios pasivos, como especie de locos de esquina que predican el reino de las ratas; hasta los editorialistas destacados que como artesanos predican lo que la empresa quiere. El punto es que el vacío se convierte en un juego químico en mi cerebro que confunde las situaciones y exaspera la serenidad, divaga la mente y ofusca las dendritas; en sí me lleva directo a la locura. Un proceso complicado que me conduce a la inevitable circunstancia de recurrir al vino tinto y el tabaco, pasar la tarde frente al espejo y enfrentar la más irracional divagación a partir de conceptos racionales. Es como alguna vez lo escuché, una especie de alacrán picándose con la propia cola; un briago escritor aproximándose a otra historia, pero ahora en el centro de la reunión de un grupo de alcohólicos anónimos.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Mirando en el espejo

Un hombre entra a un café. ¿Cuál? No importa mucho. Se quita el saco y lo acomoda en el respaldo de la silla, inmediatamente, con actitud servil sin decir palabra alguna, se acerca el mesero y anota en su libreta lo que su momentáneo interlocutor le dicta: Americano.
Minutos después, el café está en la mesa y el dejo de cigarrillo en la boca;el seco sabor del tabaco añejo, sabor que se acentúa con otro café siendo apenas mediodía y su sol ardiente.
No lo había notado, pero se encontraba en el rincón del lugar. Entrando a mano derecha, en la mesa del fondo junto a la rockola que no toca y una pareja de jóvenes. El sonido de la gente reunida; el de las cucharas y las tazas; las pisadas y las risas, para él ese conjunto es una especie de soundtrack doloso que quizás pasa desapercibido por los demás del lugar, pues habiendo reconocido el cuerpo en el pavimento, la madrugada es un recuerdo que no se va. Se queda el rastro en su ropa, mezclado con el olor a humo y los últimos sorbos del café; y es como si el sentimiento se sujetara de su rostro, aferrándose al pliegue morado de las ojeras, jalando con fuerza hacia abajo alargándole la cara que se pierde lentamente en el fondo a la derecha del lugar, junto a la rockola que no suena y la pareja que pide la cuenta.

sábado, 10 de octubre de 2009

Luna Llena

En el mundo del espejo las lunas llenas son más que lunas llenas, son el pretexto perfecto para que en cada plenilunio deje crecer mis vellos sin preocupación, me afile los colmillos frente al espejo y acomode un poco los tirones de la ropa para salir a la calle y destrozar la ciudad con los vampiros ebrios de hemoglobina, zumbarme algunas tachas para acentuar la rabia y morder unas cachorras.