domingo, 26 de diciembre de 2010

Antena

Vi el universo entero al otro lado de mi cerebro. Era como una antena receptora bloqueada por siniestros pensamientos lineales y obstinados, que como viejos barbudos se empeñaban en no dejar fluir, aunque fuera un poco, la miel eterna del conocimiento de todo lo que nos compone. Me privaban del alimento y me daban falso conocimiento de supervivencia. Al final del sueño caminé lento de regreso a mi egoísmo. A pesar de la agitación, fueron pocas las ideas que me quedaron en los bolsillos, como prueba de que vemos sólo lo que creemos que nos mantiene vivos.

Génesis

Del suelo escurrió hasta caer al cielo donde ya le esperaban las mismas partículas que le vieron nacer una vez que fue firmado el acuerdo estelar de conjunción de materia y fue cuando se percató que en lo desconocido, estaba todo ya escrito. Los impulsos milenarios trazaron en algún lugar del tiempo y el espacio las coordenadas del regreso y fue en ese lugar de revelación que se encontró con su némesis retributivo, no sólo vengador y justiciero. Sin embargo, este ser estaba compuesto de una materia rara, para él nunca antes vista. Una materia con tra

zos lejanos a lo recto y a la línea, ni siquiera con ligeras curvas que se alargan con hipócrita paralelismo a lo rectilíneo. La suya era una forma más compleja que no permanecía rígida, sino que sorteaba la linealidad como la serpiente avanza en ondas, y como mirándose al espejo y directamente hasta lo profundo de la materia, descubrió

ante sí que el hielo había inspirado siglos de infernal fuego y en espirales de desengaño, volvió agitado a

la tierra con el color del suelo quemado impregnado en la piel. Tomó la vida entre sus manos, la separó hasta lo más mínimo y en un arranque de rabia, colisionó las esencias. Había hecho explotar la materia para crear otro universo paralelo, sin siquiera reparar en que ese espacio nuevo, había surgido de la sustancia de la rabia y el desconsuelo. Y nunca más se volvió a escurrir alguien a ese mismo cielo.

jueves, 16 de diciembre de 2010

La Estructura

La estructura era clara. Abajo y formando una media luna frente al escenario estaban las filas de brillantes asientos con una inclinación perfectamente escalonada del suelo, para que desde cada uno de los reclinatorios se pudiera apreciar la totalidad del escenario que estaba coronado con una estupenda concha acústica provista con novedosos repetidores de audio construidos a base de pequeños y rudimentarios portales de teletransportación de ondas con salidas en puntos estratégicos alrededor de la sala, o incluso con salidas personalizadas para los empoderados de mayor élite. Tal sistema de audio hacía del sonido algo deleitable.

En la parte alta del edificio, había dos niveles con poca visibilidad, salvo los palcos ubicados de frente al entablado y ocupados en su mayoría por críticos de medio pelo y reporteros, que a pesar de tener buena visibilidad, lidiaban con el amontonamiento de la parte alta, ya que dicha zona popular siempre se encontraba repleta de ciudadanos “promedio”. Les calificaban así para no herir susceptibilidades. A lo largo de los años, los empoderados se habían dado cuenta de que el adjetivo con el que se les clasificaba, sí tenía repercusiones en el sentir social de los dominados, más aún con las experiencias del violento levantamiento de los “míseros”, ocurrido sólo unos meses después de la sanguinaria huelga de los “comemierda”, nombres con los que oficialmente se les catalogaba.

En la zona popular destinada a los promedio, la gente admiraba gustosa e impresionada los gestos de los nobles personajes de la parte baja. Los miraban disfrutar sentados en sus cómodos asientos, algunos con gestos de criticismo y otros más con gestos de impresión, pero ninguno excesivamente emocionado o perdiendo compostura. Aún cuando eran comedias las que se presentaban, las risas eran moderadas entre los empoderados y cuando de la parte alta alguien se atrevía a carcajear, de inmediato los porteros, que además de linternas cargaban pistolas de electroshocks dirigidos, paralizaban y sometían con tremendas descargas a los “promedio” incivilizados que osaban a carcajear en eventos de arte sublimado. Y para aquellos que lograban entrar bajo el influjo de drogas, o provocaban desplantes subversivos entre la multitud, los porteros aplicaban inyecciones de Desorbitina con Amnésico. Después de esa suerte de inyección, amanecían en los callejones con moretones hasta en las uñas y uno que otro, por sobre dosis, quedó vagando por la ciudad con alucinaciones constantes y sin recordar una ápice de lo que fue de él antes del show.

Este tipo de prácticas se seguían llevando a cabo a pesar de las protestas suscitadas en un verano después de que el hijo rebelde de un adinerado y regente de una de las colonias de la metrópoli, se mezcló entre los “promedio” después de ingerir una combinación de Valentonian e Impunilina con algo de Sobriet y Sumisina, éstas dos últimas con permiso de suministro únicamente entre los “promedio”. El joven, apenas a la mitad de un moderato tocado por la Phenomenal Cyborg Orchestra acompañada de un nuevo proyector tridimensional que con majestuosidad iluminaba el fondo del escenario y levantaba figuras de otra época sobre las cabezas de los oyentes, y justo cuando un dragón de cabeza doble se elevaba entre el público, comenzó a tener un desvarío entre risas y llanto, seguido de empujones a los promedio diciendo que él no merecía estar ahí, para después tirarse a llorar al piso y pedirle disculpas a un hombre viejo por pisarle su barba.

El joven fue sacado de inmediato por un grupo de porteros y llevado a punta de lamparazos hasta a un callejón donde le fue suministrada la Desorbitina con Amnésico. La Impunilina suele reaccionar con mayor fuerza en ese tipo exaltaciones cardíacas provocadas por los golpes y el ajetreo, razón por la que el jovencito antes de perder el conocimiento, lanzó varias amenazas en Jewa, lengua muerta de los empoderados. Le llamaban muerta para evitar, desde la semántica, que los “promedio” se interesaran en conocerla y sobre todo, practicarla. Los porteros asustados tras escucharlo hablar así, prefirieron suministrar más Amnésico para no correr riesgos y lo abandonaron a su suerte en el Círculo 15 de los CUH (Complejos de Urgencia Habitacional).

El célebre Círculo 15 de los CUH estaba destinado a enfermos mentales y pepenadores. Y de ese tipo de cloacas surgió la historia de un escritor creador de una literatura marginal y surrealista, inspirada en la idea de pepenar en las mentes de los locos que vagaban por el Círculo 15. El resultado desembocó en historias fantásticas de surreal supervivencia que el aparato aprovechó para difundir entre los promedio, como ejemplos de vida. Les resultaba más fácil difundir de manera asombrosa y célebre la supervivencia de los dominados, que afrontar el difícil problema de darles mejores condiciones de vida. El problema es que a raíz de tal hallazgo literario, el aparato de los empoderados cazó locos e indigentes de dicho circuito para que en el laboratorio social, fueran exprimidos de rarezas. Les inyectaban Vértinian con Verborréico que los ponía a hablar como testigo protegido de las décadas de guerra y prohibición de sustancias, con la única diferencia de que mostraban un amplio repertorio de ficciones inimaginables que con ayuda de unos cuantos escritores de series de entretenimiento, lograron culminar en historias que amarraban a los ciudadanos promedio frente a sus receptores. Entre esos locos con las venas a punto de reventar de sustancias alucinógenas y alimento intravenoso básico para mantenerlos vivos, fue que encontraron al joven empoderado ya en un estado mental inservible. A pesar de la cantidad de Verborréico, el Vértinian había alcanzado los recuerdos de la infancia empoderada en alguna parte del cerebro e incluso recitó poemas y cantos en Jewa.

El Vértinian era algo complejo, hacía pasar por alucinaciones que volvían loco a cualquiera por la sensación de realidad que provocaba. A pesar de que fuera como una especie de remolino imaginaciones mezcladas con sensaciones extralimitadas, el grado de realismo de las alucinaciones estaba intrínsecamente ligado a las experiencias de cada persona, por lo que era fácil pasar del éxtasis a la paranoia de un solo salto. Las mezclas que derivaron en dichas sustancias fueron experimentadas en festivales "promedio", donde hijos de obreros "promedio" interpretaban música con aparatos sónicos defectuosos y procesadores monoaurales descontinuados. Los precursores de esas drogas eran vendidos en bajo costo a los jóvenes que asistían a los festivales y más de uno en el exceso, terminó en los Círculos CUH más retirados, y otros más, fueron vendidos por sus padres a los laboratorios sociales de experimentación, para al menos sacar unas monedas ante la irremediable incapacidad de los jóvenes para ser útiles nuevamente en el tejido social.

Este tipo de expresiones juveniles de los "promedio" en sus festivales, eran para los empoderados vulgares y bajas, pero para empoderados púber, eran una curiosidad muy peligrosa. Las sustancias que circulaban en esos eventos funcionaban con mayor eficacia, o bien, con mayor grado de degradación neuronal, en ellos empoderados, que en los "promedio", por la sencilla razón de que ellos, a excepción de unos pocos y en extrañas circunstancias, nunca habían sido expuestos a las Bombas de Desconfiguración Masiva de las guerras de control, ni mucho menos a los procesos de Reconfiguración Penada, que se solían aplicar a cierto tipo de infractores de las normas.

En cambio ellos contaban con los eventos de arte sublimado en los teatros y eran admirados por los "promedio", a los que formalmente sólo se les ensañaban la correcta apreciación del arte, sin llegar a las estructuras de composición, porque una regla dorada de los empoderados partía de la creencia de que sólo el arte sublimaba al hombre y tal desarrollo del humano sólo sería alcanzado por los empoderados y su descendencia.

Sin duda los teatros de esa época fueron los lugares más palpitantes. En ellos se vio por primera vez la creación artística de Adán Smith, que con música de fondo, recitó sus mejores poemas que lo llevaron a ser un ícono de la Era del Nuevo Comienzo.

viernes, 10 de diciembre de 2010

¿Y tú la has soñado?

--- ¿Y tú la has soñado? ---
En medio del aparente silencio, ella sólo negó con la cabeza, no podía asentir tan fácilmente, sabía que el hecho de decir, sí, implicaría contar toda la historia, cosa un tanto incómoda. Aún no terminaba de comprender lo que había sucedido como para aún con esto, levantar una historia al aire para rellenar esos oídos ávidos de recuerdos y sensaciones ya perdidas.
--- Yo la solamente la he visto a lo lejos… me mira y sonríe…---
Era un momento especial, no se habían visto desde aquel encuentro unos días después de lo ocurrido y la tristeza sin duda los asaltó desde el primer momento en que compartieron recuerdos relacionados a la misma persona.
Y no sólo quedó en recuerdos, sucedió como si el olor regresara, como si volviera aparecer en el ambiente el dejo de su aroma, como si con todo el conjunto de ruegos y deseos reconstruyeran los sonidos que entre cada palabra se colaban de la memoria. Esos sonidos que parecían regresar como ecos y que más tarde con tristeza descubrieron que nunca volvieron, pero nadie dijo una sola palabra al respecto. Se limitaron a escuchar en la intimidad de sus mentes los sonidos y disfrutar de los aromas como si fueran tan normales como antes fue su cuello perfumado cobijado por sus rizos, hasta que se fueron alejando de a poco, como murmullos acompañando caminos zigzagueante de perfume en el aire.
---… tal vez ésa es su despedida.--- terminó lenta la frase.
Quedan cosas confusas de esos días. Del día que les avisaron ni qué decir. Sin embargo, lo que vino después. Carretera, cansancio y espera de no sé qué. Porque el problema fue que se quedaron esperando. Ahí sentados frente al televisor, encendiendo cigarrillos y platicando de cosas pasajeras. Una plática de esas que quedan olvidadas ante la avalancha de realidad que arrasó con los banales pensamientos, para obligar a afrentar de repente que el viaje no terminó, que el encuentro nunca se dio.
Si el viaje encontró final, fue en el fondo de un pasillo donde estaba una caja y el olor a flores. Muchas flores arremetían contra los sentidos, engrandaban los ojos y abrían las fosas nasales en la aspiración de esos aromas que emanaban de los pétalos coloridos en formas variadas. Los rezos de fondo chocaban en las paredes creando una acústica triste y envolvente de ecos que retumbaban en las pupilas y hacían vibrar las lágrimas mientras se deslizaban por las mejillas. Como cantos gregorianos escalando por los pechos hasta salir por las gargantas, el doloroso sonido de la despedida se aglutinaba entre los muros y se escondía entre los oídos. Los rezos e imploras para que el creador la reciba en su gloria, las velas encendidas iluminando el camino, los rollos de papel sanitario y pañuelos desechables pasando de la nariz a la lagrima y de la lagrima en la mejilla al puño cerrado, antes de ir a dar al basurero. Recuerdos de un lugar al que no quisiera volver jamás.
--- Yo a veces la escucho --- le contestó.
Estaban sentados en una mesa redonda de una plaza cualquiera. No tenían hambre, solo venían al encuentro de momentos y sensaciones dilapidadas, con las mandíbulas bien apretadas para reprimir el desconsuelo.
Porque en esa situación, uno no llora la masacre ni la muerte infame de muchos, sino que toma rencores constantes contra la falta de memoria de unos cuantos. Y uno pasa los días férreo a mantener, aunque sea estática su figura en la cabeza, negándose a creer que en un vuelco de un mal día se escapó del planeta, y cuando se olvida un detalle, tan sólo una parte de la palma de su mano, uno siente el olvido acrecentando la distancia, la lucha necia por no dejarla ni un instante.
--- El otro día estaba sentada pensando en ella y como del viento vino su mano sobre mi espalda --- dijo mirándola a los ojos --- sentí sus palmadas de consuelo como diciéndome al oído que allá todo está bien, donde quiera que eso sea---
Y así repasan cada parte, cada frase, cada risa en la mañana, después se almuerzan sus palabras al medio día y la siguen saboreando por la tarde. Llegada la noche los cobija con tristeza mientras después de unos segundos, a veces minutos y algunas largas noches, durante horas, miran al techo sin descanso hasta que se pierde la última seña de su sonrisa y vuelven a acurrucarse de costado, como fetos de vuelta al comienzo, dejándose al olvido y esperando de nuevo en la complejidad del sueño reconocerla completa, reconstruida, fresca y divertida; ágil y sonriente. Pero caminan y caminan y ya no encuentran. La imagen que se despidió un día y los dejó esperando el regreso. Las ganas de desaparecer juntos, de mirarse de frente al detenerse el tiempo.
--- Tal vez esa fue su despedida --- dijo.
Y una vez de vez en cuando, se vuelven a ver y sienten las palmadas en la espalda y los recuerdos distantes se acercan. La voz de todos cambia y el olor a lo lejos les hace saber que tal vez está más cerca. Cada día más cerca.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Retraso

Miró el reloj, eran ya diez minutos de retraso. Con el ajetreo, uno-ya-no-puede-dejar-de-estar- viendo- el- reloj, pensó. Las puertas del vagón de metro se abrieron y quedaron algunos asientos vacíos. Miró el asiento color verde junto a la puerta y decidió acomodar sus sentaderas justo ahí.
Una vez sentado volvió a checar el reloj, pero no había cambio en el minutero y regularmente no ponía demasiada atención en el andar del segundero. Consideraba que darle más importancia a esa delgada línea intermitente, lo llevaría directo a la verdadera locura de la metrópoli.
Destazar la vida en cuartos de hora, media, minutos más y segundos menos, son partes de un tema que no quería pensar. Para él, alargar aún más la masacre del tiempo, era como desangrar la vida con la creencia de que se conoce este asunto de la rotación y la traslación, cuando sólo se va cayendo lentamente en la espiral de un constante pasado, así que al levantar su mirada del reloj sacudió un poco la cabeza y antes de que el segundero llegará nuevamente al punto de inicio, se topó con la figura bien formada de una joven que acababa de ingresar al vagón y se sostenía del tubo mirando fija al frente, como fingiendo que ignora la cantidad de miradas de acecho de cuanto hombre estaba en el mismo vagón de metro.
De inmediato olvidó esos pensamientos del tiempo y miró con gentileza a la muchacha que no respondió la mirada, como de igual forma, no complacía a nadie con regresarle la mirada. Sin embargo, él continuó con la lenta inspección de la buena figura; de esa apetecible forma bien proporcionada que se sujetaba con el delgado brazo del tubo lo que hacía que se dibujaran más claro las curvas de la chica con la ciudad entera como marco.
Miro sus senos apretados dentro de la blusa que dejaba ver su redondez cuasi perfecta y luego deslizó su mirada por el abdomen, que a pesar de no estar ejercitado tenía la firmeza y frescura de la juventud, y cuando se disponía al alcanzar con sus retinas los muslos, la imagen fue interrumpida por el muñón de un brazo cubierto con un calcetín frente a sus ojos.
Levantó la mirada hacia el señor que cargaba un portafolio en un brazo y sujetaba entre el muñón y el cuerpo un folder con papeles que seguramente no importaban. Buscó la manera de volver a ver a la muchacha con osados movimientos de cintura para sacar la cabeza por un costado del muñón pero no lo logró. El hombre con la extremidad cortada estaba parado frente a él agarrado del tubo a su lado con el brazo bueno y era tan grande a lo ancho, que él ya no alcanzaba a mirar ni un solo cacho del cuerpo de la chica.
Había ya más gente en el vagón y a él solo le tocaba el brazo amputado coronado por un calcetín en color café frente a sus ojos, cuando ya llevaba más de diez minutos de retraso y en la oficina le esperaban para iniciar la reunión con el cliente.
Una estación más, miró el reloj y salió empujando entre la gente.

martes, 4 de mayo de 2010

Bipolaridad

Me pregunto si has sentido las ganas de hundirte por completo, como cayendo con fuerza desde lo alto, sólo esperando el momento en que choquen tus pies con el suelo; Pero es como rebotar de pie sobre un brincolín; Cuando estás en plena caída y endureces las piernas y chocas con fuerza en el círculo elástico. Sientes como se hunde sabiendo que llegas a lo más profundo con el nervio del impulso que puede sacarte del juego; Pero cuando de nuevo te elevas rápido entre el viento y sientes el aire que rompes moviéndote el cabello, y llegas a lo más alto que has llegado, y te suspendes en el aire, aunque sea un pequeño momento. Y es ahí cuando de la cara te surge una sonrisa, para caer nuevamente al fondo negro esperando hundirte más, siempre un poco más. Más que en el anterior intento.

jueves, 29 de abril de 2010

Atentan contra su dignidad

Una señora que caminaba por la calle sufrió un atentado contra su dignidad, al parecer los agresores huyeron de inmediato, no sin antes recordarle un elogio a su sensualidad.

El hecho ocurrió cuando la señora, que bien podría ser denominada, joven señora, se encaminaba a recoger a su hijo al jardín de niños, cuando un grupo de delincuentes del lenguaje arremetieron contra sus caderas que se contoneaban a la luz de los rayos del sol recién pasado el mediodía.

Los amorales delincuentes vituperaron la noble condición de la señora, puesto que dijo, que “no es culpa de ella ser atractiva y que merece el respeto a pesar de llevar una falda”, que deja al descubierto unas piernas bien conformadas que sin duda denotan el beneficio del paso de la madurez por su cuerpo.

Según testigos, los tipos que le lanzaron comentarios vulgares únicamente pretendían rendir tributo a su belleza, pero la joven y sensual señora sintió que la agredían al recordarle de una forma elocuente y folclórica los atributos naturales que con esmero se han tallado en su escultural cuerpo.

Los jóvenes que “insultaron” a la señora huyeron de inmediato, al parecer, iban a bordo de un auto descapotado y como señas particulares, usaban lentes oscuros y cigarrillos forjados.

Un joven testigo, mencionó que no es culpa de la señora y mucho menos de los groseros, ya que ante semejante monumento no hay más que ofrecer como ofrenda unas palabras a la fémina.

El mismo joven aprovechó el momento y ante el sonrojo de la mujer le dedicó unas palabras: “señora dígame donde orina, para irme a revolcar” puntualizó.

miércoles, 21 de abril de 2010

Detienen a menor ‘inmoral’ (a.m. Lagos)

Un menor de edad fue detenido por la Policía Municipal tras haber sido reportado por desnudarse en la vía pública.
Testigos aseguraron que no es la primera vez que el menor se desprende de su ropa y hace señales obscenas a la vista de señoras y demás vecinos del lugar.

El hecho ocurrió a espaldas del DIF Cuesta Blanca y al parecer el menor toma clases en tal institución e incluso ahí se le proporcionó un pantalón deportivo para que se cubriera, sin embargo, el menor detenido, presuntamente tiene discapacidad mental.

El jovencito de 16 años es vecino de la colonia San Miguel y al momento en que los oficiales arribaron al lugar negó haberse desnudado.

Además el menor aseguró que quienes lo identificaron lo habían agredido a pedradas, pero momentos después desmintió ese hecho y aceptó el haberse desprendido de su ropa.

El hecho ocurrió alrededor de las 7 de la tarde y al lugar arribaron policías municipales a bordo de la patrulla SLM23, quienes trasladaron al menor a los separos.

martes, 6 de abril de 2010

él cuenta historias.

Algún día contaré un cuento, de esos que no salen en la parte trasera del diario. De esos donde no buscas sangre ni algún mutilado.

jueves, 1 de abril de 2010

Golpea adolescente a su hermano por un celular (a.m. lagos de moreno)

Un joven golpeó a su hermano y le causó una herida profunda en la ceja, al parecer el motivo del pleito fue un cargador de celular.
Según la hermana de los implicados, “se agarraron discutiendo y lo agarró a patadas”.

José del Carmen Vega Aguilar, de 18 años, le produjo la herida a su hermano Miguel Vega Aguilar de 35 años, ambos vecinos del Pueblo de Moya.

El hecho ocurrió a unos metros del domicilio de la familia Vega Aguilar, sobre la calle 29 de Agosto en esquina con la calle 17 de Enero.

Al parecer el joven José del Carmen Vega se encontraba en estado de ebriedad, por lo que dijo la hermana que no fue posible tranquilizarlo.

El hecho ocurrió alrededor de las 9 de la noche y al lugar acudieron paramédicos de Bomberos a bordo de la unidad con el número 12, para atender el reporte.

Miguel Vega Aguilar sufrió una herida profunda que no paraba de sangrar, por lo que los paramédicos dijeron que sería necesario aplicar cerca de seis puntadas para suturar la herida.

Después de aplicarle los primeros auxilios el herido fue trasladado al Hospital Regional donde recibió la atención médica requerida.

La hermana de los involucrados comentó que el joven José del Carmen “ya le traía ganas” y sólo esperaba un pretexto para agredir a su hermano mayor.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Tierra de la maraña.

Tierra de la maraña; de lo no comprendido; de los malosentendidos o de los malosentendiendo. Tierra vacía de esperanza y prolífica en desengaños. Tierra de políticos y narcos; de muerte por sacrificio; de monarcas y de esclavos; de construcción sobre construcción; de escombro y de amaño. Tierra de eterno abandono y oraciones sin concluir; tierra de sueños por dirimir.

jueves, 4 de febrero de 2010

El Malhora

Cuando el comandante Juárez se enoja, se enoja. No queda más que agachar la mirada y aguantar vara. Además cada que pasa algo malo en un operativo se pone así, y no sé si sea malo, pero pues ya estamos acostumbrados. Ese día el comandante fue citado en la oficina del Alcalde, lo del operativo era un escándalo, a pesar del cerco policiaco en la zona que duró como 12 horas, el famoso Malhora se nos fue. No le quedó más al comandante que ir a pararse frente a las cámaras con esa cara que pone para la tele, como frunciendo el ceño, simplemente a dar un choro de que estábamos trabajando; que seguíamos una línea de investigación, cuando en realidad el comandante confía hasta en el tarot para dar con los delincuentes.
Pero este asunto del Malhora requería una de esas cartas bajo la manga que suele tener el comandante, como cuando agarró junto con un policía federal a unos sicarios en la carretera paraestatal, el federal herido y mi comandante encañonando a los dos cabrones hasta que llegaron los refuerzos, pero definitivamente esta vez necesitaba algo más que valor y un golpe de suerte. Ese tal Malhora era una cosa impresionante, según los informes, el tipo fue luchador - rudo por supuesto -, no era muy alto, pero el vato mató seis militares en una balacera, en uno de esos tantos granadazos que tenían a todos con los pelos de punta, cada que salíamos a un pedo con narcos era de arrancarnos los pelos, persignarnos y escondernos tras la patrulla hasta que pasara lo peor, no es que sea sacón, pero tengo una familia. Bueno, el punto es que el cabrón del Malhora, en la misma guerra de cárteles era de respeto, ya era sabido por ahí que trabajo que le toca al Malhora, trabajo que no falla. No como esos casos de que intentan volar la oficina del abogado y sale vivo el muy méndigo. Este cuate cumplía y hasta le daba el toque de sadismo, cabezas cortadas, hechos pedacitos frente a la central de policía, ácido, marcas de tortura o cuando mucha chamba, hasta 30 muertos por tiro de gracia en una sola noche. Además de ser uno de los cercanos del bien conocido jefe del narco, el famosísimo: Papi.
El operativo salió mal porque al Malhora le salió muy bien, no es que el comandante no pueda, simplemente ese condenado matón está pesado. Ese día éramos muchos efectivos los que resguardábamos el área, por aire y tierra se estaba checando el plano. Tal vez el comandante pecó por tener demasiada paciencia, ya dos veces le había tocado acorralar al Malhora, pero entre los granadazos y las balas que caen como en aguacero, nomás salía todo encabronado y con bajas, el muy cabrón del Malhora siempre se escapaba, hubo una ocasión que una camioneta blindada mandó al diablo a dos patrullas que le cerraban el paso, dejaron los carros madreadísimos y agujerados como coladera, así que el comandante Juárez en esta ocasión quiso acorralarlo en serio y buscar la detención, esta vez no quería ni bajas que lamentar ni un arguende en grande.
El Malhora y sus perros estaban en una casa de seguridad que habían reportado de manera anónima, supimos que era el Malhora el que estaba frecuentando esa casa gracias a unos días de observación, el comandante mandaba a uno o dos oficiales como civiles a checar los movimientos en la casa, así que era seguro que el Malhora se iba aparecer, y cuando lo hizo, el comandante movió a toda su gente a la zona. Había comandos rodeando la casa, sin embargo no querían comenzar una balacera épica contra los perros del Malhora, sólo esperaban. En las esquinas había patrullas y un cerco de seguridad, no se permitía pasar a nadie, todas las entradas y salidas de la colonia estaban igualmente resguardadas y a eso súmele el helicóptero sobrevolando el sector. Ahora sí todos armados hasta los dientes, pero lo mismo esperábamos de la gente del Malhora.
Después de un buen rato de tensión, la tropa del Malhora estaba igual que nosotros, nomás a la espera, cualquier chispazo encendería la locura y esto se convertiría en una sucursal del infierno, pero no fue hasta que un condenado matón se asomó por una de las ventanas y comenzó a gritar de chingaderas, el comandante Juárez ordenó quedarse quietos pero un pendejo caliente que tenía en la mira al culero le soltó una ráfaga que ni le dio pero desató un verdadero desmadre, fueron cerca de 30 minutos sin un segundo de silencio, nadie abandonaba su posición y desde la misma soltaban plomazos como pudieran, las balas perdidas hubieran provocado muchas muertes, si no, es porque antes le habíamos cerrado el paso a los civiles. A pesar de que el comandante había advertido el no desperdiciar balas, en esos momentos como que te envuelve la adrenalina y sin remedio entras en la locura de los balazos y nadie paraba de soltar esos malditos balazos. El comandante estaba gritando como loco que parara el fuego pero seguía el cagadero. Cuando detuvieron los disparos hubo un silencio sepulcral donde todos nos volteábamos a ver como corroborando que no había bajas, ya desde ese momento el comandante estaba encabronado, apenas nos dimos cuenta de que los últimos minutos de balacera sólo fueron tiros nuestros, no había respuesta de los sicarios. El comandante ordenó entrar a la casa por la fuerza, los comandos especiales arrojaron bombas de humo y derribaron la puerta, había camionetas blindadas, algunas armas, celulares y en una habitación se liberó a un empresario que llevaba 2 años secuestrado, incluso ya hasta se le daba por muerto. La sorpresa fue que no estaba el Malhora por ninguna parte, sólo encontraron un agujero en la pared de la cocina por donde podrían haber escapado, pero cómo fue que nadie los había visto en la colonia, todo el perímetro estaba resguardado. A pesar de liberar al empresario, Juárez iba por el Malhora y el muy vivo no estaba. Nadie supo nada. El comandante hizo el berrinche de su vida, no entendía cómo había sucedido, con esto sólo se reafirmaba su teoría de tener traidores en sus propias filas, algún cabrón soplón infiltrado le estaba echando a perder las cosas a mi comandante.
Ese día después del regaño, el comandante Juárez les dijo a sus escoltas que se largaran, no quiso tener compañía alguna, se subió a su camioneta y salió de la comandancia. El comandante Juárez iba con su enojo escuchando la radio cuando decidió pararse en la gasolinera saliendo a la autopista, a veces al comandante le gustaba tomar carretera, le ayudaba a relajarse. En la tienda de la gasolinera bajó, pidió unos Raleigh, unos chicles y unas pepitas. Mientras el comandante compraba sus cosas, afuera de la tienda aparcó una camioneta negra de vidrios polarizados, de ella bajaron tres hombres, dos de ellos se quedaron parados fuera de la camioneta mientras el otro ingresó al establecimiento y se dirigió al baño. Cuando el comandante recibió el cambio de su compra caminó al baño y se colocó en el mingitorio al lado de un tipo no muy alto que estaba orinando, como el comandante suele ser muy sociable cuando está en el baño público, dijo algunos comentarios acerca del clima y otras cosas a lo que el tipo no contestó y el comandante ni siquiera lo volteo a ver, el tipo sólo jaló al mingitorio y se paró frente al espejo para lavarse las manos y arreglarse el cuello de la camisa, al comandante le pareció recibir un ligero olor a pólvora, sin embargo no le dio importancia, creyó que el olor provenía de él mismo después de semejante balacera, el tipo salió del baño y subió a la camioneta seguido de los tipos que lo esperaban, encendieron el motor y arrancaron. Para cuando el comandante salía del establecimiento tomó un cigarro, lo colocó en su boca y buscó el encendedor en los bolsillos sin encontrarlo, así que se acercó a un tipo que vendía cacahuates garapiñados para pedirle fuego. El tipo le pasó unos cerillos y le dijo: No me va creer, pero como que yo he visto a ese fulano que se fue en la camioneta. Me cae que era el Malhora, ese que salió en las noticias que andaban buscando hoy desde muy temprano. El comandante Juárez se quedó petrificado, pero aún reservando sus dudas le preguntó hacia dónde se había ido la camioneta, el tipo le señaló el camino. ¡¿Y cómo era la camioneta?! Preguntó el comandante. El de los cacahuates la describió como pudo y antes de terminar, el comandante Juárez ya iba presuroso y maldiciendo rumbo a su camioneta sin regresarle los cerillos. El comandante manejó durante horas, pero nunca más volvimos a saber del sanguinario Malhora.

martes, 2 de febrero de 2010

El caso del Singüe

Llevábamos días buscándolo, sabíamos que no podía estar lejos, su último asesinato lo había cometido en esta zona, el problema era que ya había escandalizado a toda la colonia y la ciudad entera ya sabía del asesino que rondaba por ahí, la gente lo apodaba el ”singüe”, por el toque especial que le daba a sus víctimas.

El comandante Juárez se veía más ansioso que de costumbre, todos lo notábamos, entre las agruras normales que le causan mal humor, las llamadas de su histérica esposa y la presión de los medios y el Alcalde, lo tenían hecho un nudo y el singüe nomás no aparecía.

El comandante estaba dejando de fumar, o al menos eso decía para quedar bien con su esposa, pero ese día me mandó junto con el Bermúdez a comprarle una cajetilla de Raleigh, para cuando regresábamos las patrullas en chinga arrancaron, habían dado un pitazo. A tres cuadras de ahí habían encontrado un cuerpo. Bermúdez y yo llegamos corriendo, los otros compañeros en auto no fueron para esperarnos, y pues lo entendí porque sabía que el comandante estaba que se lo llevaba la chingada. En el lugar había muchísima gente, todos amontonados, nomás de chismosos, tanto que ni nos dejaban pasar con los compañeros, avanzamos como pudimos, empujando a la señoras aunque se enojaran. Apenas le di al comandante los cigarros, él nos dio la orden de acordonar el área y de que echáramos para atrás a toda la chusma, que no quería mirones. El comandante se fue caminando hacia la patrulla pidiendo más unidades para hacer un perímetro en el área diciendo, ahora sí, el pinche singüe no se nos va escapar. Después se regresó a pedirme el cambio de los cigarros - no se le va una a mi comandante - y de ahí a recibir a los peritos.

Lo del singüe, sin duda fue un caso de esos raros, al principio todos creíamos que era un sicario del narco haciendo de las suyas, simples ajustes de cuentas, pero sin razones aparentes ni mensajes, nada de esas llamadas narco-mantas ni nada por el estilo, en cambio, lo escalofriante es que las victimas aparecían con el escroto mutilado, al parecer el llamado singüe a cada víctima le amputaba un testículo.

Hasta ese momento ya iban diez, los primeros aparecieron en una residencial de un pesado jefe del cartel, eran guarros sin mucha importancia, por eso no hubo más escándalo, lo malo comenzó después. El asesino estaba aniquilando a todo tipo de gente, dos taxistas cerca de una secundaria, un tipo que al parecer fue levantado saliendo de la farmacia, un niño de doce años – que fue el que suscitó mayor escándalo –, una pareja de novios en el parque que bordea un extremo de la colonia - de estos últimos los cuerpos estaban dentro de un auto, el joven tenía las manos atadas al volante y al igual que los otros, el escroto cercenado y tiros en el pecho; la chica tenía aparentes señas de violación y la cara desfigurada, al parecer por golpes -, y ahora este último cuerpo que recién habíamos encontrado. Este condenado singüe estaba resultando un verdadero loco, y para el comandante Juárez esto ya era más que un dolor de cabeza.

Nadie, ni siquiera los que estabamos bajo el mando del comandante Juárez sabíamos exactamente cómo es que el comandante estaba tan cerca de agarrarlo, sólo se rumoraba que había sido una aparente negociación, que el mismito Juárez se había aventado a poner las cosas claras con los narcos y se topó con la historia de que ése que buscábamos, era nada más y nada menos que el hijo del “Papi”, un jefe del narco muy bien parado, tanto que aparentemente nadie sabía dónde estaba.

El hecho fue que en la fiesta de 18 años del hijo del conocido “Papi” la celebración se salió de control. Todo empezó cuando en medio del lugar pusieron un sillón rojo donde colocaron al cumpleañero y acompañadas por el sonido fuerte de un reggeaton salieron al encuentro bailándole al chico unas mujeres guapísimas con cuerpos divinos, mientras un tipo con micrófono en mano gritaba: ¡Ea!, ¡Ea!, ¡Ea! Un verdadero espectáculo, pero aún faltaba lo mejor. Cuando hicieron llegar una cama al centro del lugar los ánimos se calentaron aún más, el conjunto de jóvenes locos por el espectáculo acompañados de narcos, sicarios y demás farándula de esos casos, aullaban deseosos mientras las bailarinas comenzaban a quitarle la ropa al afortunado chico, que ahora parecía un tanto inseguro y detenía un poco su ropa dificultando la labor de las chicas, cuando al fin lo tuvieron desnudo el chico estaba sonrojado, además de que no conseguía una erección, uno que otro no pudo evitar notar que al chico le faltaba un testículo. Se comenzó a correr la voz entre los asistentes que ahora no paraban de reír, los que más gozaban eran los amigos del chico que ya desde ese momento cuchicheaban el apodo del singüe. El chico al notarlo se intentó levantar, pero las hermosas mujeres no lo permitían, seguían en su juego seductor a pesar de los forcejeos, hasta que al fin las chicas se incorporaron y lo llevaron a una habitación dentro. Sin embargo, antes de que dejaran de reír, el chico salió únicamente cubriéndose con una toalla, llevando consigo una pistola chapada en oro, que en realidad era del Papi, apuntándola hacia la multitud que al verlo retrocedían. El chico estaba encabronadísimo, y con los ojos llorosos preguntaba rabioso la causa de sus risas. Todos en el lugar sabían que era el hijo del Papi, era un suicidio intentar hacer algo en contra del chico, incluso su padre aún no le decía palabra alguna cuando disparó contra dos guarros suyos que cayeron inmediatamente provocando una gran tensión, ahora todos los que tenían arma la apretaban firme en su mano, pero el Papi estiró los brazos a los lados calmando a todos, haciendo señas de que bajaran armas e intentando calmar a su hijo dio unos pasos hacia él, el chico encolerizado tiro un plomazo más que le dio justo en la nariz a otro de los guarros, el Papi ahora también temblaba pero seguía ordenando con las manos bajar las armas a los suyos. El chico ordenó le acercaran los cuerpos y el Papi volteó y dijo, ya lo oyeron; así que acercaron a los muertos, y ahora apuntándoles con la pistola brillante les ordenó bajarles los pantalones hasta los tobillos, los guarros se voltearon a ver el uno al otro desconcertados, y el chico repitió la orden seguida de otro balazo que fue a darle en la pierna a otro escolta más, esta vez era el más allegado a su padre, el más fiel; el consentido; también conocido como el “Malhora”, uno de los más sanguinarios y eficientes sicarios. El Malhora en el piso saca su pistola gritando: ¡te vas a morir mocoso pendejo! A lo que el Papi le suelta tres plomazos en el pecho y su escolta, su mejor escolta, cae fulminado.

El Papi volteó con su hijo pidiéndole no más, el chico furioso aún, envuelto en ira, repitió la orden de bajar los pantalones a los muertos, a lo que los guarros obedecieron sin gesto alguno, el chico miró fijamente a su padre diciéndole que todo este espectáculo era culpa suya y ahora todos se iban arrepentir. ¡También los calzones con un carajo!, gritó. Una vez pantalones y calzones hasta los tobillos el chico pidió una navaja y comenzó a cortarles a cada uno un testículo, aprovechando que el chico estaba en la sangrienta labor los invitados comenzaron a salir del lugar disimuladamente. Nadie sabe qué sucedió después con exactitud, hasta que comenzaron a caer los otros muertos, al parecer el hijo del Papi estaba desquiciado y envuelto en cólera, así que nadie más de las células criminales bajo el mando del Papi protegió al chico, simplemente lo dejaron a merced de la policía y ahora el comandante Juárez iba tras de él.

Después de unas horas desde el último cuerpo encontrado, en el riachuelo del fondo de la colonia pasando el parque, dieron con un cuerpo más, igualmente sin testículo pero esta vez no tenía ninguna marca de cercenamiento, al parecer era el singüe. Tenía marcas de arma blanca, cerca de 6 puñaladas. A pesar de que el asesino ya estaba fuera de servicio, el comandante Juárez estaba algo decepcionado, no fue él quien agarró al singüe.

Después de ir a contactar de alguna forma lo que había sucedido en el bando enemigo, encontrar la identidad del asesino, seguirlo sin cansancio y no encontrar más que muertos, no había forma de que el comandante Juárez se sintiera del todo satisfecho, esto sin contemplar que el cadáver del Malhora nunca apareció, lo que le dejó algo de dudas acerca de la historia del singüe. El loco hijo del Papi encontró su muerte al intentar acribillar a unos tipos que al parecer pertenecían a una pandilla del barrio que está cruzando el río. El singüe caminaba por ahí después de su último asesinato cuando fue rodeado por esos hombres que lo apuñalaron en varias ocasiones después de que el singüe quedara sin balas, no encontramos forma de identificarlo, sus pertenencias habían sido robadas por sus atacantes incluyendo la pistola dorada, tampoco el Papi iba acudir a reconocerlo, así que todos dimos por hecho que cayó el excéntrico asesino que marcaba a sus víctimas extirpándoles un huevo. Los asesinos del singüe nunca fueron buscados, para lo que tal vez aplica un dicho: matón que mata matón, tiene una vida de perdón; y esos cholos, ni para el Alcalde, ni para el comandante Juárez significaron más cosa. Los medios de comunicación una vez cerrada la muerte del singüe se dedicaron a perseguir escándalos políticos.

viernes, 29 de enero de 2010

Depto. 501

Qué ganas de morirme aquí, cruzando esta calle como todos los días. ¡Claro está!, incluso ya veo las patrullas y los policías acordonando el área, siempre improvisando pero con una seriedad en la cara que demuestra la estúpida costumbre con que lo hacen, y los periodistas fotografiando el gran charco de sangre, justo aquí, por donde voy caminando, mi cabeza quedaría al borde de la banqueta. ¡Ah! y claro que preferiría quedar con los ojos abiertos, como amenazando; como advirtiendo: ¡aún te veo hijo de puta! Hasta que vengan a cubrir mi cuerpo con una sábana mientras llegan los del servicio médico forense a levantar la carnicería. Pero pensándolo bien, no será así, de hecho ya lo había decidido antes, pero no pude evitar imaginarme una situación alterna, una como de película gabacha, salvo por los polis huevones que hacen estupideces de forma mecánica. En cambio, de vuelta en mi realidad, nunca he sentido una tendencia suicida ni mucho menos, sin embargo sí soy una persona consciente de su realidad. Siempre dispuesto hacer lo que se tiene que hacer; dispuesto a enfrentarse a lo que toca, sin chistar; además, es parte de la vida, nacer-crecer-reproducir-morir, algo básico, es más, como canto de iglesia: “hay que morir, para vivir”. Claro que también hay algo de ego, qué mejor que no darles el gusto de verme morir en sus propias manos y mejor aún, jamás darles el gusto de que me muelan la cara a golpes esperando que les confiese algo que quizás ya saben. Desde que comenzó este juego de espionaje y contraespionaje, la lealtad de todos está en juego, no importa cuántos malditos militares o federales te hayas echado, ya nadie piensa dos veces en acribillar a quien sea, por el mínimo pretexto. Pero en mi caso, les quedará más que claro que yo no juego, porque éste es mi juego, yo soy quien pone las reglas y yo digo cuándo ha sido suficiente.

Mientras sube las escaleras a su departamento en el quinto piso no se percata de que la Policía Federal rodea el edificio desde hace un rato, sólo es cuestión de tiempo para que entren a su departamento, según los informes, el departamento es el marcado con el 501 y es ahí donde se procederá a realizar la detención, se hizo énfasis en ser precavidos puesto que es una persona peligrosa.

Él abre la puerta, cuelga las llaves, camina a la cocina, toma un vaso, lo llena de agua, bebe y deja el vaso sobre la mesa, después camina a la habitación del fondo cruzando el pasillo, cierra la puerta tras de sí y pone el seguro.

Al momento en que el comandante Juárez da la indicación de entrar se escucha un disparo, la adrenalina sube y todos se alertan, incluso hay a quienes les tiemblan las piernas, hasta que irrumpen en el departamento para darse cuenta de que es demasiado tarde, en la habitación del fondo yace el cuerpo del Sospechoso. El comandante Juárez llega a la habitación vociferando groserías, está que se lo lleva el diablo, totalmente encolerizado, simplemente no puede creerlo, así que toma su pistola y suelta dos plomazos al cuerpo inerte en el piso. Sale de la habitación con prisa pidiéndole a su gente se deshagan del cuerpo. Está más que claro que a este tipo no le sacarán ni una sola palabra.