domingo, 26 de diciembre de 2010

Antena

Vi el universo entero al otro lado de mi cerebro. Era como una antena receptora bloqueada por siniestros pensamientos lineales y obstinados, que como viejos barbudos se empeñaban en no dejar fluir, aunque fuera un poco, la miel eterna del conocimiento de todo lo que nos compone. Me privaban del alimento y me daban falso conocimiento de supervivencia. Al final del sueño caminé lento de regreso a mi egoísmo. A pesar de la agitación, fueron pocas las ideas que me quedaron en los bolsillos, como prueba de que vemos sólo lo que creemos que nos mantiene vivos.

Génesis

Del suelo escurrió hasta caer al cielo donde ya le esperaban las mismas partículas que le vieron nacer una vez que fue firmado el acuerdo estelar de conjunción de materia y fue cuando se percató que en lo desconocido, estaba todo ya escrito. Los impulsos milenarios trazaron en algún lugar del tiempo y el espacio las coordenadas del regreso y fue en ese lugar de revelación que se encontró con su némesis retributivo, no sólo vengador y justiciero. Sin embargo, este ser estaba compuesto de una materia rara, para él nunca antes vista. Una materia con tra

zos lejanos a lo recto y a la línea, ni siquiera con ligeras curvas que se alargan con hipócrita paralelismo a lo rectilíneo. La suya era una forma más compleja que no permanecía rígida, sino que sorteaba la linealidad como la serpiente avanza en ondas, y como mirándose al espejo y directamente hasta lo profundo de la materia, descubrió

ante sí que el hielo había inspirado siglos de infernal fuego y en espirales de desengaño, volvió agitado a

la tierra con el color del suelo quemado impregnado en la piel. Tomó la vida entre sus manos, la separó hasta lo más mínimo y en un arranque de rabia, colisionó las esencias. Había hecho explotar la materia para crear otro universo paralelo, sin siquiera reparar en que ese espacio nuevo, había surgido de la sustancia de la rabia y el desconsuelo. Y nunca más se volvió a escurrir alguien a ese mismo cielo.

jueves, 16 de diciembre de 2010

La Estructura

La estructura era clara. Abajo y formando una media luna frente al escenario estaban las filas de brillantes asientos con una inclinación perfectamente escalonada del suelo, para que desde cada uno de los reclinatorios se pudiera apreciar la totalidad del escenario que estaba coronado con una estupenda concha acústica provista con novedosos repetidores de audio construidos a base de pequeños y rudimentarios portales de teletransportación de ondas con salidas en puntos estratégicos alrededor de la sala, o incluso con salidas personalizadas para los empoderados de mayor élite. Tal sistema de audio hacía del sonido algo deleitable.

En la parte alta del edificio, había dos niveles con poca visibilidad, salvo los palcos ubicados de frente al entablado y ocupados en su mayoría por críticos de medio pelo y reporteros, que a pesar de tener buena visibilidad, lidiaban con el amontonamiento de la parte alta, ya que dicha zona popular siempre se encontraba repleta de ciudadanos “promedio”. Les calificaban así para no herir susceptibilidades. A lo largo de los años, los empoderados se habían dado cuenta de que el adjetivo con el que se les clasificaba, sí tenía repercusiones en el sentir social de los dominados, más aún con las experiencias del violento levantamiento de los “míseros”, ocurrido sólo unos meses después de la sanguinaria huelga de los “comemierda”, nombres con los que oficialmente se les catalogaba.

En la zona popular destinada a los promedio, la gente admiraba gustosa e impresionada los gestos de los nobles personajes de la parte baja. Los miraban disfrutar sentados en sus cómodos asientos, algunos con gestos de criticismo y otros más con gestos de impresión, pero ninguno excesivamente emocionado o perdiendo compostura. Aún cuando eran comedias las que se presentaban, las risas eran moderadas entre los empoderados y cuando de la parte alta alguien se atrevía a carcajear, de inmediato los porteros, que además de linternas cargaban pistolas de electroshocks dirigidos, paralizaban y sometían con tremendas descargas a los “promedio” incivilizados que osaban a carcajear en eventos de arte sublimado. Y para aquellos que lograban entrar bajo el influjo de drogas, o provocaban desplantes subversivos entre la multitud, los porteros aplicaban inyecciones de Desorbitina con Amnésico. Después de esa suerte de inyección, amanecían en los callejones con moretones hasta en las uñas y uno que otro, por sobre dosis, quedó vagando por la ciudad con alucinaciones constantes y sin recordar una ápice de lo que fue de él antes del show.

Este tipo de prácticas se seguían llevando a cabo a pesar de las protestas suscitadas en un verano después de que el hijo rebelde de un adinerado y regente de una de las colonias de la metrópoli, se mezcló entre los “promedio” después de ingerir una combinación de Valentonian e Impunilina con algo de Sobriet y Sumisina, éstas dos últimas con permiso de suministro únicamente entre los “promedio”. El joven, apenas a la mitad de un moderato tocado por la Phenomenal Cyborg Orchestra acompañada de un nuevo proyector tridimensional que con majestuosidad iluminaba el fondo del escenario y levantaba figuras de otra época sobre las cabezas de los oyentes, y justo cuando un dragón de cabeza doble se elevaba entre el público, comenzó a tener un desvarío entre risas y llanto, seguido de empujones a los promedio diciendo que él no merecía estar ahí, para después tirarse a llorar al piso y pedirle disculpas a un hombre viejo por pisarle su barba.

El joven fue sacado de inmediato por un grupo de porteros y llevado a punta de lamparazos hasta a un callejón donde le fue suministrada la Desorbitina con Amnésico. La Impunilina suele reaccionar con mayor fuerza en ese tipo exaltaciones cardíacas provocadas por los golpes y el ajetreo, razón por la que el jovencito antes de perder el conocimiento, lanzó varias amenazas en Jewa, lengua muerta de los empoderados. Le llamaban muerta para evitar, desde la semántica, que los “promedio” se interesaran en conocerla y sobre todo, practicarla. Los porteros asustados tras escucharlo hablar así, prefirieron suministrar más Amnésico para no correr riesgos y lo abandonaron a su suerte en el Círculo 15 de los CUH (Complejos de Urgencia Habitacional).

El célebre Círculo 15 de los CUH estaba destinado a enfermos mentales y pepenadores. Y de ese tipo de cloacas surgió la historia de un escritor creador de una literatura marginal y surrealista, inspirada en la idea de pepenar en las mentes de los locos que vagaban por el Círculo 15. El resultado desembocó en historias fantásticas de surreal supervivencia que el aparato aprovechó para difundir entre los promedio, como ejemplos de vida. Les resultaba más fácil difundir de manera asombrosa y célebre la supervivencia de los dominados, que afrontar el difícil problema de darles mejores condiciones de vida. El problema es que a raíz de tal hallazgo literario, el aparato de los empoderados cazó locos e indigentes de dicho circuito para que en el laboratorio social, fueran exprimidos de rarezas. Les inyectaban Vértinian con Verborréico que los ponía a hablar como testigo protegido de las décadas de guerra y prohibición de sustancias, con la única diferencia de que mostraban un amplio repertorio de ficciones inimaginables que con ayuda de unos cuantos escritores de series de entretenimiento, lograron culminar en historias que amarraban a los ciudadanos promedio frente a sus receptores. Entre esos locos con las venas a punto de reventar de sustancias alucinógenas y alimento intravenoso básico para mantenerlos vivos, fue que encontraron al joven empoderado ya en un estado mental inservible. A pesar de la cantidad de Verborréico, el Vértinian había alcanzado los recuerdos de la infancia empoderada en alguna parte del cerebro e incluso recitó poemas y cantos en Jewa.

El Vértinian era algo complejo, hacía pasar por alucinaciones que volvían loco a cualquiera por la sensación de realidad que provocaba. A pesar de que fuera como una especie de remolino imaginaciones mezcladas con sensaciones extralimitadas, el grado de realismo de las alucinaciones estaba intrínsecamente ligado a las experiencias de cada persona, por lo que era fácil pasar del éxtasis a la paranoia de un solo salto. Las mezclas que derivaron en dichas sustancias fueron experimentadas en festivales "promedio", donde hijos de obreros "promedio" interpretaban música con aparatos sónicos defectuosos y procesadores monoaurales descontinuados. Los precursores de esas drogas eran vendidos en bajo costo a los jóvenes que asistían a los festivales y más de uno en el exceso, terminó en los Círculos CUH más retirados, y otros más, fueron vendidos por sus padres a los laboratorios sociales de experimentación, para al menos sacar unas monedas ante la irremediable incapacidad de los jóvenes para ser útiles nuevamente en el tejido social.

Este tipo de expresiones juveniles de los "promedio" en sus festivales, eran para los empoderados vulgares y bajas, pero para empoderados púber, eran una curiosidad muy peligrosa. Las sustancias que circulaban en esos eventos funcionaban con mayor eficacia, o bien, con mayor grado de degradación neuronal, en ellos empoderados, que en los "promedio", por la sencilla razón de que ellos, a excepción de unos pocos y en extrañas circunstancias, nunca habían sido expuestos a las Bombas de Desconfiguración Masiva de las guerras de control, ni mucho menos a los procesos de Reconfiguración Penada, que se solían aplicar a cierto tipo de infractores de las normas.

En cambio ellos contaban con los eventos de arte sublimado en los teatros y eran admirados por los "promedio", a los que formalmente sólo se les ensañaban la correcta apreciación del arte, sin llegar a las estructuras de composición, porque una regla dorada de los empoderados partía de la creencia de que sólo el arte sublimaba al hombre y tal desarrollo del humano sólo sería alcanzado por los empoderados y su descendencia.

Sin duda los teatros de esa época fueron los lugares más palpitantes. En ellos se vio por primera vez la creación artística de Adán Smith, que con música de fondo, recitó sus mejores poemas que lo llevaron a ser un ícono de la Era del Nuevo Comienzo.

viernes, 10 de diciembre de 2010

¿Y tú la has soñado?

--- ¿Y tú la has soñado? ---
En medio del aparente silencio, ella sólo negó con la cabeza, no podía asentir tan fácilmente, sabía que el hecho de decir, sí, implicaría contar toda la historia, cosa un tanto incómoda. Aún no terminaba de comprender lo que había sucedido como para aún con esto, levantar una historia al aire para rellenar esos oídos ávidos de recuerdos y sensaciones ya perdidas.
--- Yo la solamente la he visto a lo lejos… me mira y sonríe…---
Era un momento especial, no se habían visto desde aquel encuentro unos días después de lo ocurrido y la tristeza sin duda los asaltó desde el primer momento en que compartieron recuerdos relacionados a la misma persona.
Y no sólo quedó en recuerdos, sucedió como si el olor regresara, como si volviera aparecer en el ambiente el dejo de su aroma, como si con todo el conjunto de ruegos y deseos reconstruyeran los sonidos que entre cada palabra se colaban de la memoria. Esos sonidos que parecían regresar como ecos y que más tarde con tristeza descubrieron que nunca volvieron, pero nadie dijo una sola palabra al respecto. Se limitaron a escuchar en la intimidad de sus mentes los sonidos y disfrutar de los aromas como si fueran tan normales como antes fue su cuello perfumado cobijado por sus rizos, hasta que se fueron alejando de a poco, como murmullos acompañando caminos zigzagueante de perfume en el aire.
---… tal vez ésa es su despedida.--- terminó lenta la frase.
Quedan cosas confusas de esos días. Del día que les avisaron ni qué decir. Sin embargo, lo que vino después. Carretera, cansancio y espera de no sé qué. Porque el problema fue que se quedaron esperando. Ahí sentados frente al televisor, encendiendo cigarrillos y platicando de cosas pasajeras. Una plática de esas que quedan olvidadas ante la avalancha de realidad que arrasó con los banales pensamientos, para obligar a afrentar de repente que el viaje no terminó, que el encuentro nunca se dio.
Si el viaje encontró final, fue en el fondo de un pasillo donde estaba una caja y el olor a flores. Muchas flores arremetían contra los sentidos, engrandaban los ojos y abrían las fosas nasales en la aspiración de esos aromas que emanaban de los pétalos coloridos en formas variadas. Los rezos de fondo chocaban en las paredes creando una acústica triste y envolvente de ecos que retumbaban en las pupilas y hacían vibrar las lágrimas mientras se deslizaban por las mejillas. Como cantos gregorianos escalando por los pechos hasta salir por las gargantas, el doloroso sonido de la despedida se aglutinaba entre los muros y se escondía entre los oídos. Los rezos e imploras para que el creador la reciba en su gloria, las velas encendidas iluminando el camino, los rollos de papel sanitario y pañuelos desechables pasando de la nariz a la lagrima y de la lagrima en la mejilla al puño cerrado, antes de ir a dar al basurero. Recuerdos de un lugar al que no quisiera volver jamás.
--- Yo a veces la escucho --- le contestó.
Estaban sentados en una mesa redonda de una plaza cualquiera. No tenían hambre, solo venían al encuentro de momentos y sensaciones dilapidadas, con las mandíbulas bien apretadas para reprimir el desconsuelo.
Porque en esa situación, uno no llora la masacre ni la muerte infame de muchos, sino que toma rencores constantes contra la falta de memoria de unos cuantos. Y uno pasa los días férreo a mantener, aunque sea estática su figura en la cabeza, negándose a creer que en un vuelco de un mal día se escapó del planeta, y cuando se olvida un detalle, tan sólo una parte de la palma de su mano, uno siente el olvido acrecentando la distancia, la lucha necia por no dejarla ni un instante.
--- El otro día estaba sentada pensando en ella y como del viento vino su mano sobre mi espalda --- dijo mirándola a los ojos --- sentí sus palmadas de consuelo como diciéndome al oído que allá todo está bien, donde quiera que eso sea---
Y así repasan cada parte, cada frase, cada risa en la mañana, después se almuerzan sus palabras al medio día y la siguen saboreando por la tarde. Llegada la noche los cobija con tristeza mientras después de unos segundos, a veces minutos y algunas largas noches, durante horas, miran al techo sin descanso hasta que se pierde la última seña de su sonrisa y vuelven a acurrucarse de costado, como fetos de vuelta al comienzo, dejándose al olvido y esperando de nuevo en la complejidad del sueño reconocerla completa, reconstruida, fresca y divertida; ágil y sonriente. Pero caminan y caminan y ya no encuentran. La imagen que se despidió un día y los dejó esperando el regreso. Las ganas de desaparecer juntos, de mirarse de frente al detenerse el tiempo.
--- Tal vez esa fue su despedida --- dijo.
Y una vez de vez en cuando, se vuelven a ver y sienten las palmadas en la espalda y los recuerdos distantes se acercan. La voz de todos cambia y el olor a lo lejos les hace saber que tal vez está más cerca. Cada día más cerca.