--- ¿Y tú la has soñado? ---
En medio del aparente silencio, ella sólo negó con la cabeza, no podía asentir tan fácilmente, sabía que el hecho de decir, sí, implicaría contar toda la historia, cosa un tanto incómoda. Aún no terminaba de comprender lo que había sucedido como para aún con esto, levantar una historia al aire para rellenar esos oídos ávidos de recuerdos y sensaciones ya perdidas.
--- Yo la solamente la he visto a lo lejos… me mira y sonríe…---
Era un momento especial, no se habían visto desde aquel encuentro unos días después de lo ocurrido y la tristeza sin duda los asaltó desde el primer momento en que compartieron recuerdos relacionados a la misma persona.
Y no sólo quedó en recuerdos, sucedió como si el olor regresara, como si volviera aparecer en el ambiente el dejo de su aroma, como si con todo el conjunto de ruegos y deseos reconstruyeran los sonidos que entre cada palabra se colaban de la memoria. Esos sonidos que parecían regresar como ecos y que más tarde con tristeza descubrieron que nunca volvieron, pero nadie dijo una sola palabra al respecto. Se limitaron a escuchar en la intimidad de sus mentes los sonidos y disfrutar de los aromas como si fueran tan normales como antes fue su cuello perfumado cobijado por sus rizos, hasta que se fueron alejando de a poco, como murmullos acompañando caminos zigzagueante de perfume en el aire.
---… tal vez ésa es su despedida.--- terminó lenta la frase.
Quedan cosas confusas de esos días. Del día que les avisaron ni qué decir. Sin embargo, lo que vino después. Carretera, cansancio y espera de no sé qué. Porque el problema fue que se quedaron esperando. Ahí sentados frente al televisor, encendiendo cigarrillos y platicando de cosas pasajeras. Una plática de esas que quedan olvidadas ante la avalancha de realidad que arrasó con los banales pensamientos, para obligar a afrentar de repente que el viaje no terminó, que el encuentro nunca se dio.
Si el viaje encontró final, fue en el fondo de un pasillo donde estaba una caja y el olor a flores. Muchas flores arremetían contra los sentidos, engrandaban los ojos y abrían las fosas nasales en la aspiración de esos aromas que emanaban de los pétalos coloridos en formas variadas. Los rezos de fondo chocaban en las paredes creando una acústica triste y envolvente de ecos que retumbaban en las pupilas y hacían vibrar las lágrimas mientras se deslizaban por las mejillas. Como cantos gregorianos escalando por los pechos hasta salir por las gargantas, el doloroso sonido de la despedida se aglutinaba entre los muros y se escondía entre los oídos. Los rezos e imploras para que el creador la reciba en su gloria, las velas encendidas iluminando el camino, los rollos de papel sanitario y pañuelos desechables pasando de la nariz a la lagrima y de la lagrima en la mejilla al puño cerrado, antes de ir a dar al basurero. Recuerdos de un lugar al que no quisiera volver jamás.
--- Yo a veces la escucho --- le contestó.
Estaban sentados en una mesa redonda de una plaza cualquiera. No tenían hambre, solo venían al encuentro de momentos y sensaciones dilapidadas, con las mandíbulas bien apretadas para reprimir el desconsuelo.
Porque en esa situación, uno no llora la masacre ni la muerte infame de muchos, sino que toma rencores constantes contra la falta de memoria de unos cuantos. Y uno pasa los días férreo a mantener, aunque sea estática su figura en la cabeza, negándose a creer que en un vuelco de un mal día se escapó del planeta, y cuando se olvida un detalle, tan sólo una parte de la palma de su mano, uno siente el olvido acrecentando la distancia, la lucha necia por no dejarla ni un instante.
--- El otro día estaba sentada pensando en ella y como del viento vino su mano sobre mi espalda --- dijo mirándola a los ojos --- sentí sus palmadas de consuelo como diciéndome al oído que allá todo está bien, donde quiera que eso sea---
Y así repasan cada parte, cada frase, cada risa en la mañana, después se almuerzan sus palabras al medio día y la siguen saboreando por la tarde. Llegada la noche los cobija con tristeza mientras después de unos segundos, a veces minutos y algunas largas noches, durante horas, miran al techo sin descanso hasta que se pierde la última seña de su sonrisa y vuelven a acurrucarse de costado, como fetos de vuelta al comienzo, dejándose al olvido y esperando de nuevo en la complejidad del sueño reconocerla completa, reconstruida, fresca y divertida; ágil y sonriente. Pero caminan y caminan y ya no encuentran. La imagen que se despidió un día y los dejó esperando el regreso. Las ganas de desaparecer juntos, de mirarse de frente al detenerse el tiempo.
--- Tal vez esa fue su despedida --- dijo.
Y una vez de vez en cuando, se vuelven a ver y sienten las palmadas en la espalda y los recuerdos distantes se acercan. La voz de todos cambia y el olor a lo lejos les hace saber que tal vez está más cerca. Cada día más cerca.
está increible, me gustaría conocer a la persona que escribió esto, tiene talento
ResponderEliminarIncreíble y bello... a mí me gustaría conocer a la persona que inspiró eso...
ResponderEliminarAmigo, esto es verdaderamente admirable!!!
ResponderEliminarGracias doy que te conozco y que también a tu inspiración